Luis Alfredo López Méndez nació en Caracas en 1901 (algunas fuentes señalan el 23 de noviembre), hijo del periodista y político Luis López Méndez y de Egleé Marcano. Desde niño deseaba ser artista, y a los once años sus padres lo inscribieron en la Academia de Bellas Artes, entonces dirigida por Antonio Herrera Toro. Allí estudió con Antonio Edmundo Monsanto y Manuel Cabré, y recibió además clases de Cirilo Almeida Crespo y del paisajista Pedro Zerpa. Siendo aún muy joven comenzó a participar en las sesiones de trabajo del Círculo de Bellas Artes, el grupo de jóvenes artistas e intelectuales que estaba transformando el arte venezolano, y se convirtió en su miembro más joven, apodado cariñosamente “Benjamín”. Su primera exposición tuvo lugar en 1919 en la Escuela de Música y Declamación de la Academia de Bellas Artes, donde la crítica advirtió la influencia de Samys Mützner y de Cabré en su vivaz uso del color y la composición.
Ese mismo año, 1919, su activismo político en el movimiento estudiantil contra la dictadura de Juan Vicente Gómez lo obligó al exilio, que se prolongaría durante diecisiete años. Se estableció primero en Nueva York, donde trabajó como dibujante de flores para una fábrica textil mientras estudiaba durante tres años en la Art Students League. También trabajó como ilustrador para la revista Vogue y para una galería especializada en cuadros góticos y flamencos, y viajó a México, Cuba, Francia y España. En La Habana se desempeñó como diseñador publicitario, dictó clases de dibujo y entabló amistad con intelectuales como la pintora Amelia Peláez, el escritor Rubén Martínez Villena, Ernest Hemingway y Federico García Lorca. Contrajo matrimonio con Ayita Azcuy, con quien tuvo dos hijos, y regresó a Venezuela en 1936 tras la muerte de Juan Vicente Gómez.
De vuelta en Caracas, López Méndez se incorporó al cuerpo docente de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas entre 1936 y 1938, y en este último año fue nombrado director de cultura y bellas artes del Ministerio de Educación. Un año después ocupó la dirección del Museo de Bellas Artes, cargo que ejerció durante dos períodos (1939 a 1943 y 1946 a 1948). Su carrera pública fue notablemente multifacética: fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en Madrid (1948 a 1952), fundó el semanario humorístico El Gavilán Colorao (1956 a 1960), fue electo vicepresidente de la Cámara de Diputados en 1960, dirigió el suplemento dominical de El Nacional hasta 1966 y se desempeñó como ministro consejero de la Embajada en Atenas (1966 a 1968). Como pintor, desde su regreso se dedicó al paisaje, especialmente a las vistas de La Guaira, como Cruz verde de La Guaira (1936), así como a las flores y los desnudos, temas que siguió cultivando hasta el final de su vida.
En sus décadas posteriores, López Méndez continuó exponiendo y evolucionando artísticamente. Realizó muestras individuales en el Museo de Bellas Artes (1943, 1953, 1955), la Sala Mendoza (1959, 1961, 1965), la Galería Li (1970, 1971) y la Galería de Arte Nacional (1981), entre muchas otras, y recibió el Premio Oficial de Pintura en el IV Salón Oficial (1943), el Premio Antonio Herrera Toro (1957) y el Premio Armando Reverón (1987). En los años ochenta y noventa su obra avanzó hacia pinceladas más anchas y densas, una atrevida variedad cromática y una ejecución más libre que la crítica ha descrito como armónica e innovadora. Luis Alfredo López Méndez falleció en 1996, dejando un legado como una de las figuras culturales más completas del siglo XX venezolano: pintor, coleccionista, escritor, humorista, crítico de arte, editor, periodista, productor de televisión, diplomático, político y promotor de las artes.
Al empezar cualquier colección de arte hay que tomar en cuenta varios factores, pero hay que partir de el porqué queremos empezar nuestra colección.