Alirio Palacios
Aunque fue celebrado por su obra figurativa, Palacios se volcó cada vez más hacia la abstracción a lo largo de su vida. Transmitía las fuerzas de la naturaleza y de su mundo interior a través de trazos sólidos y contundentes: una manera de canalizar el poder de su paisaje ancestral del Delta. Su formación en el grabado definió su práctica. Como señaló Alejandro Otero, Palacios pensaba primero a través de las estampas, integrando técnicas gráficas en la pintura y el dibujo. Al igual que en la mezzotinta, sus figuras emergían desde la oscuridad hacia la luz. Si Reverón fue el maestro de las atmósferas luminosas, Palacios fue el rey de la oscuridad.
La educación de Palacios abarcó el Delta, Caracas, China, Polonia, Suiza y Nueva York. Empezó a dibujar de niño en San Tomé, luego estudió en Caracas con Otero, Fabbiani y Gerd Leufert, quien le enseñó la “tridimensionalidad del color”. Tras rechazar la rutina académica en Roma, viajó a China en 1961. En la Universidad de Bellas Artes de Pekín estudió xilografía con Li Hua, aprendiendo la armonía entre el yo y la naturaleza. La enseñanza china, resumida en la frase “dame color, dame negro”, marcó su uso espiritual del negro y su rechazo a la ansiedad occidental por el cambio constante.
Después de China, Varsovia y Cracovia profundizaron su dominio de la mezzotinta y el diseño de carteles. Al regresar a Caracas en 1975, trabajó con el Consejo Nacional de la Cultura mientras exponía ampliamente. Marta Traba describió su “poderoso clima onírico”: pinturas de atmósfera y tiempo suspendido, más visión que realidad. El Delta nunca lo abandonó. En su taller de Carrizales realizó “concretografías”, imprimiendo desde losas talladas de concreto armado, junto a grandes xilografías hechas con pigmentos chinos.
Desde 1985, Palacios dividió su tiempo entre Caracas y Nueva York. Un estudio en SoHo le dio proyección internacional y acceso a materiales chinos en Chinatown. Imprimía sobre tablones de madera y luego intervenía cada pieza de forma individual. Retomó el caballo de Lin Ku Lin, de 600 años, trazándolo con un clavo sobre la madera, y representó los mitos del Orinoco: manatíes, serpientes, espíritus ancestrales. El Delta no era tranquilo sino agresivo y en constante transformación. “Las experiencias de este mundo no pueden decirse sin el color negro”.
Palacios experimentó constantemente. Creó grandes impresiones digitales mediante escaneos sucesivos, reelaborando a Vermeer, Goya y figuras medievales mientras preservaba la textura de la veta de la madera. Su obra tardía se volvió más sintética y abstracta, definida por planos de color y gestos firmes. Sin embargo, su universo mítico, con fantasmas, animales, lluvia y árboles, siguió siendo universal. Los viajes le dieron disciplina y técnica. El Delta fue siempre su origen, no solo como lugar, sino como condición de su ser.
Al empezar cualquier colección de arte hay que tomar en cuenta varios factores, pero hay que partir de el porqué queremos empezar nuestra colección.